Crónica del II Taller de Cerámica

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Los alumnos en plena tarea

El año pasado la asociación realizó un pequeño taller de cerámica en Esta es un Plaza y allí se quedó el gusanillo de realizar uno nuevo.
Este año, aprovechando que nuestro amable y dispuesto socio Ricardo nos regalaba su horno, ya que él subía de categoría con uno mayor y mejor, nos animamos a realizar el taller con más bríos e ilusiones. A los dos maestros del año pasado, Ricardo y Juisín, se les añadió nuestra ceramista Lola y con ella se sumaba una nueva técnica de modelar.
Tras unos provisionales arreglos del viejo horno, éste quedó listo para hornear lo que con tanta ilusión pretendíamos realizar los novatos en este arte.

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El horno ya reformado

Dado que las ilusiones eran altas todo se organizó para que el día se convirtiera no solo en un taller sino en un agradable encuentro entre socios.
La Plaza es un ámbito que tras arduas luchas ha sido cedido por el Ayuntamiento de Madrid a los vecinos del barrio de Lavapiés, y en el que la asociación colabora realizando un hermoso jardín de cactus (en otro momento escribiremos sobre su trayectoria).
Enseguida, dada la alta aceptación que tuvo, nos encontramos con el problema del número de asistentes ya que nuestros maestros no podrían atender con su debida dedicación a unos alumnos ávidos de conocimiento, había que contar con que también se sumara gente de la Plaza.
Arreglados los temas de materiales, espacio, agenda de los maestros,  desplazamientos y sobre todo del ágape que, como si de una comida campera se tratara, íbamos a realizar, allí que nos dirigimos el domingo.

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El emplazamiento del taller en la Plaza

 

¡Qué día tan hermoso! No solo el tiempo acompañó, sino el buen momento que disfrutamos y lo corto que el día se nos hizo.
Tres talleres con técnicas diferentes se realizaron por tandas para que así se pudiera atender mejor a los discípulos.
La del veterano Ricardo con sus moldes semiesféricos que permitían hacer recipientes grandes para así colocar en las paredes y que de ellos pudieran pender nuestras futuras plantas.
La de Juisín, nuestro esforzado socio, quien desde Murcia se desplazó para el evento y que, no por sencilla de realizar, deja de asombrar una vez realizada. Esta técnica la trabaja con sus muchachos con necesidades especiales y la totalidad de las ganancias de las ventas las dedica a su labor con ellos, encomiable.

La tercera novedad este año fue la demostrada por nuestra envidiable Lola, ya que en las exposiciones nos deja a todos a la altura del barro con sus hermosas macetas. Esta técnica de mezclar capas de barros diferentes es un poco más laboriosa y nos pilló de nuevas puesto que el año pasado no se realizó. Veríamos el resultado tras la cocción.
Ni qué decir que disfrutábamos como críos, enredando con el barro, y nuestros maestros conforme avanzaban los talleres, cada vez se desesperaban más porque el ego anárquico que cada uno llevamos dentro salía a relucir.

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Lola y su cerámica (técnica Ágata)

Menos mal que llegó la hora del ágape, nos relajamos y aquí salieron a relucir las artes gastronómicas de los comensales (aunque mejor es decir de los lugares donde se proveyeron). Todo estuvo muy bueno, abundante y sobre todo placentero por la armonía.

En la misma tónica transcurrió la tarde, todos completamos los tres diferentes talleres y cual canteros medievales marcamos nuestras obras no fuera a ser que otro se apoderara de nuestra patente. Aunque el ambiente era inmejorable, cada uno teníamos nuestras obligaciones y poco a poco el grupo se fue disgregando no sin antes dejar la plaza limpia y aquí no ha pasado nada.
Decir también que, como suele ocurrir cada vez que nos juntamos, nos parecemos a un mercadillo típico de trueque con los intercambios de plantas, pero que sirven para estrechar más los lazos que unen a esta panda de maníacos del pincho. Además el jardín de la plaza no solo sirve para que la gente pueda disfrutar de su visión sino también como reserva para todos aquellos socios que quieran y les falte alguna planta que deseen (unos cuantos completaron su colección particular).

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Finalizando la actividad

 

Conclusión: Día inolvidable que nos ha unido más y que todos esperamos vuelva a repetirse pronto.
P.D.: ¿Qué pasó con las obras? Tras 15 o 20 días de secado, los dos hornos cumplieron su función. Menos dos vasijas que explotaron, el resto salió perfectamente y habría que ver la cara de los que se han ido llevando sus obras de arte, como niños en su día de reyes.

 

Antonio Alfaro – Vocal de CACSUMA

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